viernes, 27 de junio de 2008

Declaración de intenciones.

Nunca he tenido una intención clara en escribir. Suelo hacerlo por impulsos de manera irracional y sumamente egocéntrica. La escritura se puede ver como la propia válvula de escape de una persona ante múltiples pensamientos que acuden a la cabeza sin orden ni concierto. Es el lugar donde cobran forma, y las letras se amontonan en un suave baile, buscando comparsas y compañeras de fatigas para racionalizar y hacer comprensible la idea a transmitir.

Pero la tarea del escritor no es el amontonamiento sin ton ni son de esas minúsculas letras perdidas entre las lineas de una página, si no dotarlas de un significado que traspasen su propia condición de símbolo. Transmitir emociones y sentimientos, independientemente del matiz que traigan, es su labor. No soy muy dado a la revisión de mis propios textos, tal vez por ese afán bulímico y impulsivo que significa para mi la escritura. Pero supongo que todo se consigue con la práctica correcta y las horas delante de ese folio en blanco y esas teclas mudas.

Quiero escupir todas esas letras y reflexiones en este blog. Este será el depósito de mis muchas (y gente hay para corroborarlo) manías, pensamientos y objeciones. Aquí tan solo, me desfogaré del día a día, e incluso de vez en cuando, quien sabe, también comparta con vosotros el afán de la escritura.

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